"La mentira se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño ha sido incalculable y alcanza zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad...De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de tota tentativa de reforma"
jueves, 28 de enero de 2016
¿REVOLUCION?
"La [verdadera] revolución -que bajo nombres diversos se agita e impulsa al hombre desde el alba histórica- quiere liberar al hombre de los mitos que lo oprimen, para que sea con toda plenitud...; mientras que la propaganda busca adueñarse de la criatura..., alterar al hombre, alienarlo de sí. Afirma que es con el fin de promover la Revolución o de defender la libertad, pero su cumplimiento consiste en paralizar al hombre, en poseerlo y esclavizarlo"
(Héctor Murena)
martes, 12 de enero de 2016
LOS ESTADOS REVOLUCIONARIOS HAN TENIDO UN DESENLACE DESASTROSO
Para el filósofo escritor y dramaturgo francés Alain Badiou los estados revolucionarios constituidos hasta ahora han desembocado en un irremediable fracaso porque hay una distorsión de lo que es en realidad una revolución."Creo que estamos nuevamente ante los días que siguieron a la revolución francesa de 1848, donde el poder revolucionario constituído no tenía una dirección precisa, de ahó que todo derive en una secuencia errática". Alain Badiou, es el autor de un importante texto filosófico: "Teoría del Sujeto", ha sido catedrático en universidades de París por muchos años y ha dirigido el Instituto de Investigaciones filosóficas, trayectoria que le otorga un peso muy específico a su opinión como militante de izquierda y profundo estudioso del marxismo: "Hay que tomar las cosas desde un principio, retomar su concepción inicial [...], hay que empezar por donde empezó Marx, haciendo una mezcla de consideraciones filosóficas por un lado, que reviertan sobre la emancipación radical, y por el otro, es necesario un análisis de la sociedad contemporánea en sus mecanismos dominantes y los procedimientos de dominación instalados".
lunes, 11 de enero de 2016
Svletana Alexievich Premio Nobel Literatura 2015
Víctimas
y verdugos entran y salen de escena en un haz de tiempo que los hace convivir y
alejarse al mismo tiempo en medio de una intimidad que sólo la trama revelada
en la crónica de una historia en común puede descifrar, bajo ese ritmo de
existencias es el que está presente en las novelas de la Premio Nobel de Literatura
2015, la bielorusa Svetlana
Alexiévich.
El Nobel
de Svetlana
Alexiévich, es un premio cercano al periodismo narrativo,
también llamado periodismo literario, y coloca a este galardón a cierta
distancia de lo estrictamente literario. De allí que la Academia sueca haya
utilizado el calificativo “voces polifónicas” para destacar el valor y la transcendencia
de la obra de esta periodista, escritora que siempre está a la zaga de hacer un
juego de permuta con la crónica, la inserta en la novela y en toda su
narrativa, y es en ese mix, donde encuentra
la posibilidad alternancia de de su propia voz que como un metrónomo es la que
va midiendo el tiempo de lo que se cuenta, y al que se van apegando las voces que se van
insertando en el mosaico de la narración. Es la crónica, ese intento siempre
fracasado, a media distancia, de atrapar el tiempo en que uno vive, la que
ejerce marcada influencia en la obra de la Nobel de Literatura 2015.
De allí
que no sea descabellado afirmar que la crónica fue la gran vencedora en la
premiación otorgada por la Academia Sueca, y siendo este el género del
periodismo que tiene mayor vecindad con la literatura, por su alto nivel de
exigencia en lenguaje, tiempos, plasticidad y formas narrativa. El estilo de las crónicas de Alexiyévich,
tienen esa particularidad que en su momento alabó Woody Allen de un escrito: “Todos
los estilos son buenos, menos el aburrido”. Su libro de crónicas “Voces de
Chernóbyl”, por su calidad de prosa, si
capacidad de seducir al lector, acción en la que no media ninguna excusa para
adentrarnos en el tour de forcé de su palabra, pasa a ser una antología del
género.
UNA
SOLITARIA VOZ HUMANA [Separata del libro Voces de Chernobyl]
“No
sé de qué hablar... ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo mismo? ¿De qué? Nos
habíamos casado no hacía mucho. Aún íbamos por la calle agarrados de la mano,
hasta cuando íbamos de compras. Siempre juntos. Yo le decía: «Te quiero». Pero
aún no sabía cuánto le quería. Ni me lo imaginaba... Vivíamos en la residencia
de la unidad de bomberos, donde él trabajaba.
En
el piso de arriba. Junto a otras tres familias jóvenes, con una sola cocina
para todos. Y en el bajo estaban los coches. Unos camiones de bomberos rojos.
Este era su trabajo. Yo siempre estaba al corriente: dónde se encontraba, qué
le pasaba...En mitad de la noche oí un ruido. Gritos. Miré por la ventana. Él
me vio:
—Cierra
las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Volveré pronto.
No
vi la explosión. Solo las llamas. Todo parecía iluminado. El cielo entero...
Unas llamas altas. Y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar. El
hollín se debía a que ardía el alquitrán; el techo de la central estaba
cubierto de asfalto. Sobre el que la gente andaba, como él después recordaría,
como si fuera resina. Sofocaban las llamas y él, mientras, reptaba. Subía hacia
el reactor. Tiraban el grafito ardiente con los pies... Acudieron allí sin los
trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les
advirtió; era un aviso de un incendio normal. Las cuatro... Las cinco... Las
seis... A las seis teníamos la intención de ir a ver a sus padres. Para plantar
patatas. Desde la ciudad de Prípiat hasta la aldea de Sperizhie, donde vivían sus
padres, hay 40 kilómetros. Íbamos a sembrar, a arar. Era su trabajo favorito...
Su madre recordaba a menudo que ni ella ni su padre querían dejarlo marchar a
la ciudad; incluso le construyeron una casa nueva.
Pero
se lo llevaron al ejército. Sirvió en Moscú, en las tropas de bomberos, y cuando
regresó, solo quería ser bombero. Ninguna otra cosa. [Calla.]
A
veces me parece oír su voz... Oírle vivo... Ni siquiera las fotografías me
producen tanto efecto como la voz. Pero nunca me llama... Ni en sueños... Soy
yo quien lo llama a él.”
El escritor y dramaturgo mexicano Juan Villoro quizás quien mejor ha
definido el género de la crónica: “Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el
centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el
ornitorrinco de la prosa. De la novela extrae la condición subjetiva, la
capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de
vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos
inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la
sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un
final que lo justifica; de la entrevista los diálogos; y del teatro moderno, la
forma de montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos, los
parlamentos entendidos como debate: la “voz de proscenio”, como la llama Wolfe,
versión narrativa de la opinión pública cuyo antecedente fue el coro griego;
del ensayo, la posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la
autobiografía, el tono memorioso y de reelaboración en primera persona. El
catálogo de influencias puede extenderse
y precisarse hasta competir con el infinito. Usado en exceso, cualquier
a de estos recursos resulta letal. La crónica es un animal cuyo equilibrio
biológico depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser”.
Svletana Alexiévich
es una estudiosa del alma humana y de su capacidad de regenerarse ante las
adversidades, lo transubstancial del tipo de hombre que emerge después de vivir
grandes experiencias, son parte de los grandes temas subyacentes en su
narrativa. De allí que su literatura tenga en la catástrofe el leit movit de
su obra. Tramas desarrolladas a partir de lo que fue la II Guerra Mundial, las
experiencias bélicas de la era soviética, como Afganistan, el accidente de la
Planta Nuclear de Chernóbil, la perestroika
y la posterior disolución de la Unión Soviética. Su capacidad de reunir las
voces que irrumpen en sus novelas como testimonios que van formando su portarretrato
literario, como el “hombre rojo”, o el epítome de “homus sovieticus”, y que le
da título a su novela: “Tiempo de segunda mano: El fin del hombre rojo”.
Disidente
de la ideología gobernante en Bielorusia, manifiesta sin ambages sus posiciones
políticas, y es que Alexievich descree en las revoluciones, porque no conducen
a ningún lado, y considera que el Comunismo no está muerto porque su cadáver aún
vive.
Su
novelística está conformada por cinco obras: “La guerra no tienen rostro
(1985). Los chicos de cinc (1989). Cautivados por la muerte (1993). Voces de
Chernóbyl (1997) y Tiempo de segunda
mano: El fin del hombre rojo (2013).
Se
preguntara el lector ¿tiene algún defecto la obra de Alexiévich? Por supuesto, algo
de lo que se le puede señalar es de haber hecho una literatura estrictamente
Europea, y haber dejado de lado otros ámbitos de la existencia de los que
adolece su obra en la que no se reconoce el otro lado del mundo.
Venezuela, un salto
atrás
Gallinero comunitario en una zona popular de caracas, Venezuela.
Horno artesanal chino para la fundición de metal, que representó uno de las grandes fracasos con que Mao hambreó a la población china
____________________________________
En 1958 Mao Tse Tung
promulga uno de sus más famosos y estrepitosos fracasos bautizado como “El
Salto hacia adelante”. Una medida desesperada de su gobierno revolucionario
para sacar a China de un esquema agrario-campesino e insertarla en el
desarrollo industrial.
¿Pero cómo lo hizo
Mao? ¿Estableciendo industrias y garantizando las fuentes de extracción de su
materia prima? No.
Mao hizo lo mismo que
nos plantea la nueva ministra del flamante despacho de la agricultura Urbana de
Venezuela, Emma Ortega. Inventar, y citamos: “Para sembrar
sólo se necesita un porrón, una botella vacía o un tobo”. Si bien
Mao no quiso sembrar porque lo de él era el hierro, se planteó ganarle la carrera de su producción a los países de Occidente, sobre todo Europa y EE.UU, Rusia
incluído, diriamos que casi apelando a botellas vacías, un porrón viejo o un inservible
tobo, muy parecdio en lo marginal y periférico a su idea del horno de fundición de metales caseros.
A partir de ese momento
cada hogar en la República Popular
China, estaba obligado a tener un rudimentario horno de ladrillos, y un
caldero para fundir metales. La madera que era usada como combustible fue
cortada de los bosques y montañas de manera anárquica y desmedida.
Pronto el cielo de China
se cubrió de nubarrones ennegrecidos por la quema de árboles, muchos de ellos
verdes, sin la madera debidamente seca por lo que se veían obligados a utilizar aceite
como combustible acelerante. El hollín en las casas era insoportable, todo olía
a quemado en todas partes, pero ellos creían que iban bien, estaban dando el
salto hacia adelante, algo así como tener patria.
La tala de árboles en
China llegó a niveles alarmantes–para entonces esa Nación contaba con unos 800
mil habitantes- por la avasallante desforestación que se llevaba a cabo para
obtener leña para que cientos de miles de hornos de cada hogar, estuvieran encendidos
las 24 horas del día. El salto hacia adelante, ya tenía su primera consecuencia
en el peor desastre ecológico en la historia de la China Comunista; la segunda
fue que el hierro que se obtuvo –obligando a la población que fundiera todo lo
que tenían de metal en sus casas- era no de mala sino de pésima calidad, inútil, inservible y para nada comercializable,
dado que los campesinos fundían la poca chatarra de hierro que poseían a
temperaturas no adecuadas, derivando en fracasadas aleaciones. A fin de cumplir
con la meta impuesta por el partido comunista chino, las familias fundían bicicletas,
y hasta sus propias ollas y enseres de comida.
La hambruna por descuido del sector agrario, por encontrarse los campesinos extenuados por las largas horas de vigilia que se mantenían frente al horno fundiendo chatarra, no se hizo esperar; miles murieron por esta descabellada idea, otros tantos fueron presos o ejecutado por no cumplir con la meta de fundición impuesta por el Estado.
Conocida esta
historia preparémonos para ver como muchos crédulos aquí en Venezuela, hacen su
camino de regreso a los gallineros verticales en azoteas y balcones. A partir
de las “sabias” instrucciones de la ministra de agricultura urbana, cualquier recipiente será utilizado para
sembrar un manojo de ajo, cilantro o albahaca, otros tan desesperados como los chinos de
aquél salto, seguro entregaran sus ollas en sacrificio, algunos idearan hacer
un cultivo hidropónico en los tanques de agua y convertir las escaleras de los edificios en
pequeñas terrazas de siembra.
A la vuelta de tres
meses todo lo dicho en buena venturanza sobre este alucinante proyecto del
novedoso ministerio, correrá letras abajo, hacia la corriente del olvido, tal
como pasó con el ministerio para la felicidad creado, pero fugazmente
desaparecido, producto al parecer de la profunda tristeza que habita en la
conciencia de muchos chavistas, esa incomprensión bastó para borrarlo del mapa,
y de la Gaceta Oficial, a su ministro ni le vimos la cara, de él no sabemos
nada, aún si es capaz de sonreir.
sábado, 2 de enero de 2016
"Pero los dioses de Ricardo Reis son otros, silenciosas entidades que nos miran indiferentes, para quienes el bien o el mal no son sino palabras, porque ellos no las dicen nunca, cómo iban a decirlas si no saben siquiera distinguir entre el bien y el mal, yendo como nosotros vamos en el río de las cosas, sólo distintos de ellos porque los llamamos dioeses y a veces creemos en ellos." [ El año de la muerte de Ricardo Reis / José Saramago]
viernes, 1 de enero de 2016
La
crisis de las tecnologías de la salvación o el cascarón vacío de la
Disneylandia espiritual
A decir
del filósofo español Fernando Savater existe una crisis sin precedentes en las
llamadas "tecnologías de la salvación" e indica que la emergencia del
integrismo islámico, teocrático y terrorista, es sólo la punta del Iceberg, de
la gran masa que flota debajo de él. Después de la irrupción de la denominada
Nueva Era (New Age) –que finalizó en el cascaron vacío, una especie de
Disneylandia espiritual-, donde cada quien podía crear y creerse su propio
sacerdocio con la puesta en escena de alguna recreada religión, combinando las
recetas y los diversos platos espirituales a su alcance, para elaborar una especie
de propuesta eclética: “Amasado con tantras, el vaivén del péndulo, runas,
signos astrológicos, tarot, naturismo sobrenatural, templarios, alquimistas de
guardarropa y vírgenes locas preñadas que entran en extraños éxtasis porque
creen haber sido fecundadas por un Jesús en horas bajas.
En
este sentido, es imposible levantar acta completa de estos fuegos artificiales,
establecer qué es legítimo y qué no. Aunque no hayan faltado los voluntariosos
intentos, palabras al viento y erráticas como es de esperarse. De quienes
religiosamente creen estar más allá del bien y del mal, por no decir lo más. Quienes
pretenden vendernos el mix, o aquellos que intentan discernir y decidir por
nosotros diciendo auqello es malo y esto es lo bueno, olvidan dos aspectos imprescindibles
a la hora de sentenciar sobre lo uno y lo otro: Ludwing Wittgenstein, el
filósofo del lenguaje, ya había adelantó
esta discusión cuando sentenció: “lo científico no puede dar cuenta de lo religioso,
porque cada uno obedece a juegos de lenguaje diferentes”.
Superado
lo científico nos quedaría por jugar la partida de lo moral –frente a los
garantes de Torquemada- para discernir lo qué es lo moralmente viable religioso y lo qué
no. Pues malas noticias, partida ganada, pues sobre esto ya el filósofo francés Jean Paul
Sartre escribió –hace más de 50 años-
sobre el deber ser no hay nada escrito, así que “invéntalo”, que es bueno o
malo es una cuestión que la existencia de cada quien debe definir frente a sus
circunstancias. Lo que te inventes será bueno para ti, pero no necesariamente
para los demás, así que ocúpate de que te funcione, es tu obligación, lo otro
no.
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