martes, 5 de agosto de 2025

Y...desembarcamos en el "fake state"



El término "fake state" viene a inaugurar una nueva hipótesis política, y al mismo tiempo funge como alerta filosófica sobre los riesgos a los que están sometidos los habitantes de una sociedad que vive bajo una distorsión del ejercicio del poder.

El gobierno que promueve y sustenta el "fake state", no necesita ser justo, porque no está capacitado para ello, lo que si necesita es ser creíble, y esa credibilidad la genera con una oleada de informaciones efectistas que terminan por obnubilar el sentido crítico de la gente ¿Cómo definir un sistema de gobierno que combina al mismo tiempo inacción con esperanza, fracasos con promesas, decadencia con esplendor? Donde todo, absolutamente todo no es más que un hecho de palabras que buscan encubrir con falsas apologías algo inexistente.

El concepto que he desarrollado del "fake state" apunta a definir esto como una estructura de simulacro político permanente, donde el Estado no actúa para transformar la realidad, sino para mantener viva la ilusión de que lo hará algún día.
La parálisis institucional -desmantelamiento de la red de salud, educación e institucional en general-, se maquilla con retórica redentora, mientras los fracasos se resignifican como “pasos necesarios” hacia un futuro que jamás llega.
Este fenómeno, típico del “fake state”, no se sostiene a pesar del autoengaño, sino precisamente gracias a él: el discurso oficial no describe la realidad, sino que la sustituye. Así, el poder se perpetúa no por sus resultados, sino por su capacidad de mantener viva la ficción de sentido en la gente.

Reconocer sus mecanismos es el primer paso para desmantelarlos. Como sociedad, estamos llamados a defender la verdad no solo como un principio moral, sino como la base de toda convivencia democrática

La expresión “fake state” es el término que hemos acuñado para referirnos a esos estados cuyos gobiernos se sostienen mediante mentiras, manipulación sistemática de la verdad y distorsión de la realidad. Es una formulación poderosa y sugerente, aunque no es un término técnico en ciencias políticas, y se acerca mucho al concepto de estado distópico o incluso estado totalitario orwelliano.

Características de un "fake state" (estado falso): Legitimidad basada en falsedades: el poder no se justifica por la voluntad popular (robo de elecciones), no existe un marco jurídico justo (manipulación de tribunales y fiscalía para criminalizar a los opositores políticos), con narrativas manipuladas.

Monopolio de la información: control o distorsión deliberada de los medios de comunicación, educación, historia oficial.

Revisión o negación de hechos: uso sistemático de la mentira, la censura o la desinformación para modificar la percepción colectiva.

Control emocional: apelación al miedo, al enemigo externo, al nacionalismo exacerbado o al culto a la personalidad.

Desactivación del pensamiento crítico: se alienta la obediencia emocional antes que la reflexión lógica o ética.

En su novela 1984, George Orwell describe un estado totalitario en el que: la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza.

En la novela 1984, existe un lenguaje llamado la neolengua, y la manipulación del pasado son herramientas clave del poder. En este sentido, el “fake state” es el heredero moderno de esa visión de gobierno sustentando por un sistema político que no necesita que le crean, porque que nadie se atreve a cuestionarlo, y ante eso estamos.

Douglas Gonzalez Carmona (*)
Periodista especializado
en Comunicación Estratégica y Opinión Pública