sábado, 27 de junio de 2015

Un silencio



Un silencio (El Hacedor de las cosas)

En el silencio no desaparece la imagen sino lo que está detrás de ella, como invisible se vuelve todo aquello que ha muerto. Los muertos no se preocupan ni por el destino de sus propios huesos.
Estar vivo es preguntarse las cosas de la vida, lo contrario es transitar por este mundo como un enajenado, un "interpretado por otro", alguien que tiene dormido el sentido real de su existencia

jueves, 25 de junio de 2015


Para el filósofo Slavoj Zizek el mundo será otra cosa
Por: Douglas González

Al parecer los países de América Latina que se han embarcado en la aventura de la nueva izquierda nacionalista, caso Venezuela, Ecuador, Bolivia, etcétera, no podrán tener peor derrotero que el que describe el final de una tragedia absurda, países –cada uno en su medida- que se hunden con el peso de su propio drama, conducido por una cúpula política imposibilitada de seguir el nuevo curso la historia, pero sobretodo incapaces de haber tomado impulso desde bases reales, y como lo hicieron con las figuraciones que suelen alimentar las utopías y plantearse de cara al futuro el diseño de un país que jamás existirá,  y que además no nos garantiza un lugar en el palco de lo que será el nuevo orden mundial de las naciones, según analiza uno de los filósofos más controversiales del momento Slavoj Zizek.
Estos países con denotada vocación errática en la política que parecen hacer política viendo el retrovisor de las luchas izquierdistas de la década de los años 60,  son rico-pobres,  con una gran circulación de miseria. Anclado en el continente de los países condenados al olvido económico, por una parte una nación petrolera, y por otra una republiqueta bananera, ambas, bajo la lupa  del filósofo eslovaco Slavoj Zizek, muestran una realidad en la que parece no  esperarle otra certeza en el próximo cruce de caminos de la historia sino la involución y la decadencia que casi nos coloca en la misma vertiente de los países africanos –en Venezuela ya se ven indicios de esa manifestación-, países o modelos de vida de los que casi todo el mundo quiere escapar, orillas desde todo el mundo ve una sola esperanza común: Europa.

 Si bien para Zizek parecen que todas las respuestas por las que aguarda el mundo están en el viejo continente, donde existe la expectativa de que se geste un nuevo renacimiento: Otro modelo económico, otro modelo político y una nueva era refundacional de las naciones. Es lo que ve el filósofo lacaniano y neo-marxista Slavoj Zizek quien se aproxima a la virtualidad de este escenario con tono de eficiente predictibilidad, un poco tanatófilo quizás parte del lastre marxista que carga encima. (Tanatófilo, a decir de Erich Fromm,  son los tipos que les gusta hablar sólo para predecir aspectos o desenlaces negativos, lo que en criollo daríamos a llamar: los escoñeta sueños, seres marcados por la pulsión de la muerte).

 Actualmente Slavoj Zizek está convertido en una vedette de la filosofía-, si bien acierta en muchas cosas, yerra en otras tantas. Ya no hay herejías posibles, el mundo las ha consumado todas. La muerte de la izquierda, y las etapas agonizantes del sistema capitalismo, nos colocan frente a una sociedad que necesita reinventarse, primeramente, abriendo paso a la reconciliación de sus antagonismos históricos. A diferencia del filósofo francés Jean Braudrillard quien afirmó el fin absoluto de la izquierda, Zizek apela que la izquierda no llegó a su fin ideológico, sino como modelo político.

Es imposible reflexionar en los argumentos de Zizek a quien la publicación Foreign Policy incluyera entre los 100 pensadores globales más importantes, y no verlos en la perspectiva Venezuela, hoy embarcada en esa inútil empresa alucinante de la búsqueda del Dorado de la suprema felicidad, que en los últimos 14 años nos ha vendido como la revolución. Bástese sólo saber que al país se le ha querido conducir por esa tierra muerta que es el Comunismo, tal como afirma Zizek, tiempo muerto y con una resultante catastrófica a nivel económico. Un país que como en Nabimia, El Congo, Nigeria o Somalia, ha sufrido una revolución  que sólo ha alcanzado a las palabras, pura retórica, más con una gran orfandad en su estructuración, cuyo modelo económico radica en importar casi todos los productos que consume, hasta los más esencial para la vida diaria (97% en los actuales momentos), mucho de los cuales se han convertido en verdaderos artículos de lujo, ya no podemos elegir ni qué comer, estamos obligados a conformarnos con cualquier cosa de la marca que se consiga.




Del capitalismo supuestamente, cosa que dudo, han pretendido bajarnos desde hace 14 años, casi todo por mediante decretos o declaraciones, donde hemos consumido verdaderas riquezas en repartírle dádivas a los pobres haciéndoles creer que eso es el socialismo, desconociendo que la pobreza no se soluciona con limosnas sino generando fuentes de riquezas, y que para bajarse del capitalismo no basta con declararse socialista y adentrarse erráticamente en una travesía en esa zona muerta del comunismo, ya descrita por Zizek, y además hacerlo mal, engendrando un monstruo sin pies ni cabeza. Desconociendo algo que si saben muy bien sus socios chinos, el futuro de la humanidad está en la tecnología, en el desarrollo de las ciencias avanzadas, no en las consignas políticas ni regodeándose venticuatro horas sobre la guerra de la independencia que ocurrió hace 200 años, propiciando todo un desfase histórico-temporal acuciante y alucinante. Nos imaginamos a los gobernantes chinos o japoneses hablar de su historia con la misma perspectiva anacrónica que  lo han hecho nuestros gobernantes en los últimos años, y no se ocuparan de pensar la productividad, de seguro también estarían quebrados.



Las mercancías que se mueven en el libre mercado, representan la jerarquía económica de un país, es su expresión como cultura, la ausencia de una oferta abundante y diversa, rápidamente nos define como lo que Zizek llama naciones “sub-atrasadas”. ¿Qué calificación a decir de Venezuela en cuyos mercados no se consigue casi nada? Relegada al olvido del confort, exiliada de la buena calidad de vida, Venezuela ahora forma parte de los países marginales, como lo ha sido Cuba en las últimas décadas.

 Zizek, no disimula su postura frente a la historia actual: hay que huir de las tentaciones autoritarias y reinventarnos desde el legado humanista.

Para mí los acontecimientos realmente emancipadores –señala Zizek- han sido tres: la primera democracia griega, aún con todas sus limitaciones, la cristiandad, con la importante idea del Espíritu Santo que significa que hay una comunidad igualitaria de creyentes, y la Revolución Francesa. Estos son los fundamentos de Europa. Y conste que no soy uno de esos estúpidos izquierdistas que creen que hay que abrir las fronteras para que entren millones de africanos.
¿Qué es lo que está haciendo la izquierda? Nada. Carece de alternativa.

Ya no tenemos que enfrentarnos a esa dicotomía izquierda y derecha. El modelo del siglo XX ya no sirve. Ya no se trata de reinventar la socialdemocracia y su Estado de Bienestar, eso ya no funciona. No sabemos qué es lo que nos salvará pero que hay que trabajar en diferentes sentidos para buscarlo, y no hablo de utopías. Porque el liberalismo como tal está perdiendo Europa, y solo hay dos alternativas, una Europa autoritaria o inventar algo nuevo.
Un mundo multipolar en el que la República Popular China tendrá cada vez más voz. “Admiro muchas cosas de los chinos, pero practican el colonialismo económico de forma muchísimo más brutal que el capitalismo occidental”.

Para Zizek la izquierda se ha convertido en la fuerza más conservadora, y por ende dogmatica, retrógada y cercenadora.
La propiedad intelectual está desapareciendo, es casi un bien comunista, la gente descarga lo que quiere en internet, sin tenerla en cuenta. Y es imposible detenerlo, y antes o después será un tremendo problema. Finalmente, Zizek narra una anécdota, cuando coincidió con Francis Fukuyama quien en el inicio de este nuevo milenio sentenció el fin de la historia. Fukuyama me dijo que la ecología y la biotecnología han dejado obsoleto su libro El fin de la Historia y el último hombre. Porque en esto el capitalismo liberal universal ya no funciona. Con la biotecnología ya no se trata de tener a mano diferentes objetos que nos permiten hacer cosas, sino que ya se insertan en el propio organismo. Estamos llegando a una nueva era. Todo estará integrado. Las gafas de Google, y artilugios que pueden implantarte para controlar tu presión sanguínea u otras cosas, y hasta existe la posibilidad de que el cerebro se conecte a un ordenador al que las personas inválidas puedan dar instrucciones mediante el poder del cerebro. Y los chinos lo siguen muy de cerca, en su caso con la intención de regular física y psicológicamente el bienestar de la población. Olvidemos las bombas, ahora bastaría actuar sobre el cerebro mediante una máquina.

martes, 23 de junio de 2015






TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

A partir del sábado 21 de julio, iniciaremos los talleres de Escritura Creativa una propuesta impulsada junto a la Sociedad de Expresión Poética de Carabobo.
Los talleres constan de un total de seis módulos que están programados de la siguiente manera: cuatro para narrativa y dos para exposición conceptual, artículo de opinión o aproximación al ensayo.
Cada uno tendrá una duración de 4 horas, en los que se comparten aspectos teóricos-prácticos. El cursante tendrá la oportunidad de redactar dentro de la dinámica vivencial del taller la composición de su historia, crónica, artículo, cuento o narración.







martes, 12 de mayo de 2015


Gabriel García Márquez
o la memoria ausente
Douglas González

En 1924, el pintor francés Andrés Bretón intentaba liquidar la realidad, subvirtiéndola, al promulgar en París la vigencia de un nuevo códice capaz de mirar las cosas como nunca antes habían sido vistas, lo llamó El Manifiesto Surrealista, una nueva manera capaz de renombrar al mundo y sus objetos. Tras esta declaración Bretón logró prender todas las alarmas del status quo mundial. Seis años después, tres jóvenes escritores latinoamericanos, Alejo Carpentier (Ecua Yamba-O), Miguel Angel Asturias (El Hombre de Maíz) y Arturo Uslar Pietri (Lanzas Coloradas), echaban al río Sena al Manifiesto surrealista junto a la certeza original de sus seguidores, lo ahogaron por innecesario y redundante, porque eso que proclamaba, no era una manera de ver las cosas exclusiva de un movimiento artístico snob, sino que era algo mucho más, que no sólo tenía vida propia, sino que coexistía al otro lado del mundo, en Latinoamérica, donde la magia no era parte de una declaración formal, sino de una cotidianidad, donde el mundo y todas sus cosas no sólo parecían nacer de nuevo, sino que muchas veces lo hacían todos los días, cubierto por el manto del Realismo Mágico.

Para ese momento estos tres fundadores de la incipiente nueva narrativa latinoamericana, hacían dos cosas: Uno, convalidaban la idea del filósofo dominicano Pedro Henríquez Ureña, ideólogo y predicador de la nueva utopía americana, quien afirmaba que América fue descubierta como esperanza de un mundo mejor, un mundo que desde sus raíces, nace en oposición a la realidad establecida. Es el alimento, el cultivo de la invención, y la posibilidad abierta a las utopías. Dos, abrían el camino para que casi treinta años después Gabriel García Márquez cifrara todos los misterios, los asombros, la mitología diaria de ese nuevo mundo y lo dotara de un nuevo alfabeto para todos los hombres con su nueva manera de nombrar las cosas, con una sola y única posibilidad, escribir una historia, no de una humanidad, sino la invención del mundo latinoamericano. Es así que de la mano de Gabriel García Márquez, el resto del orbe redescubre América y él la bautiza y por primera vez asignándole su nombre imperecedero, tierra del realismo mágico.

Viajante, vendedor de libros, residente sempiterno en la habitación de una casa de putas –donde devoraba los libros de Virginia Wolff y William Faulkner-, cineasta, guionista y caricaturista a destiempo, Gabriel García Márquez, fue el tiempo hecho memoria, sobre todo si tomamos a pie juntillas aquella sentencia de Jorge Luis Borges: “El tiempo es la sustancia de la que estamos hechos”.

García Márquez fue uno de esos personajes de estirpe condenados a vivir para siempre, una memoria como la suya, ancestral, anacrónica e intemporal, siempre termina pactando con la eternidad. Creo que García Márquez nos seguirá contando las maravillosas invenciones de sus historias, esas que una vez no lograban precisar donde comenzaba o terminaba el asombro los habitantes de Macondo. El Gabo continuará su andar peregrino persiguiendo el carromato de alguna Eréndira, extasiándose con el amor virginal de Remedios La bella, cobijándose bajo la sombra centenaria de los Buendía, o simplemente siguiéndole los pasos a esa legendaria estirpe de matriarcas como Ursula Iguarán, Mamá Grande o la mítica Isabel de Macondo, tratando de revelarnos desde sus mejores páginas la deslumbrada sustancia que aún esconde su literatura.


En la foto: Saliendo del Hotel Caracas Hilton junto a García Márquez cuando lo entrevisté en el año 1989

sábado, 4 de abril de 2015

Calixto siempre quiso ser 

como Humphrey Bogart

Desde que vio la película Casablanca, Calixto siempre quiso ser como Humprey Bogart, revestirse un poco con ese estilo de desenfado hiriente, desatendido y frío que ponía en sus gestos de hombre duro frente a las mujeres, con los cuales además siempre lograba subyugarlas.
Calixto siempre quiso amaneceres con boquitas pintadas, bañados con esa distancia seductora y él oficiando esa ceremonia enfundado en una Gabardina, un cigarro pendiente de la indiferencia instalada en la comisura de sus labios, todo ello ocurriendo bajo el ala de su sombrero echado a un lado. Pero Calixto desconocía que no es el tránsito de la noche, ni la densa armonía de besos la que descorre el maquillaje  y desnuda las soledades con la mano irreverente de la seducción, sino otra cosa.


Ensayaba las escenas de Bogart una y otra vez, imitaba sus gestos, remedaba el tono seco, la mirada directa y penetrante del actor, hasta que logró hacerlos suyos, como logró mimetizar todo el compendio de su personalidad.

Calixto pensaba que actuar con la calculada indiferencia lo hacía sabio en amores. Si, quería actuar como Bogart en esa escena de Casablanca, cuando le dice al pianista, «,play again, Sam» (tócala otra vez Sam), cuando finge indiferencia al ver que es irremediable despedirse de la mujer que brevemente había llegado de su pasado, en carne y hueso conmoviéndole todos sus días y sus noches. Como si sacarle esas notas de melancolía al piano e instalar en la madrugada esa nostalgia por la vida pasada, bastara para exorcizar lo tanto que llevaba por dentro, de estar siempre esperando ese amor que nunca pensó que en verdad llegara.

Calixto siguió ignorando otras más, como que el adiós viene detrás de la persona indicada, si el momento de encontrarse en medio de la historia es el equivocado. No importa que tanto de Bogart hubiera aprendido, ni que tan bien lo imitara, porque lo principal que siguió ignorando, quizás porque siempre tuvo miedo a decir algo cursi y porque nunca vio a Bogart profanarse ante una frase encaramelada y empalagosa como “te amo", fue que cuando uno enamora no importa lo que se diga, que sólo existen los amores eternos y que los demás son otra cosa. (D.G)

jueves, 2 de abril de 2015





El Hacedor de las Cosas 
El tiempo y el olvido
Douglas González




Por dónde pasaba compraba todos los relojes existentes, los que no los robaba, dejaba desnudas las torres de las catedrales, las ciudades quedaban en silencio y mudas por la ausencia del repiqueteo de las campanadas que daban la hora.

A los hombres predicaba de que el tiempo era una maldición, y mucho más era llevarle la cuenta. Hablaba de una caída celestial que era un castigo divino, cuando el hombre desterrado del Paraíso, fue arrojado al abismo del tiempo.

Sumó una larga hilera de carretas cargadas de relojes, porque toda su vida y su fortuna la empeñó en hacer olvidar a los hombres el transcurso de las 24 horas.

Cuando pensó que los había reunido todos, se presentó ante el Hacedor de las Cosas para que destruyera el tiempo. 

-El tiempo que miden los relojes es una ilusión –dijo el Hacedor de la Cosas, al ver las montañas de relojes de todo tipo que se alzaban frente a él- y eso has perseguido.  El verdadero tiempo es el que vive cada cual y no puede ser expresado ni contado por los relojes que nadan saben del tiempo existencial, porque carecen de alma. 

El Hacedor de las Cosas alzó su bastón y comenzó a dibujar círculos en el cielo: 
-Siempre –prosiguió- los relojes estarán trazando estos círculos mecánicos cada veinticuatro horas, aunque pretendas ignorar la sucesión de los días y huyas de  la soledad que te conmueve en la herencia desnuda de tus noches, porque el  olvido que buscas no está en la suma del tiempo de los relojes que ha sido tu obsesión. Por eso es que has caminado en círculos toda tu vida sin llegar a ningún lado. 

-¿Entonces dime tu Hacedor de las Cosas cómo logro el olvido?-Preguntó.
-El olvido –respondió el Hacedor- es proporcional a la cantidad de Ego con que has insuflado a tu Alma. Mientras más Ego tengas, estarás anclado al tiempo de lo que crees que has perdido, esa es tu condena.

-¿Condena si lo que hice fue amar con devoción?- inquirió el misterioso viajero de los relojes.
.-Ese amor nunca fue tuyo, nada lo es –indicó el Hacedor de las Cosas-. Pensarlo que lo fue detiene el tiempo de tu Alma. Nunca le retengas nada, Ella es como un río que necesita fluir sin cesar, sólo navegando en él es como llegas al olvido.


miércoles, 1 de abril de 2015



El Hacedor de las cosas (Fragmento)
Douglas González



Cada noche se acostaba esperando el milagro de que el amanecer le devolviera sus recuerdos en carne y hueso.

Nunca sucedía nada y se le quebrantaba la fe. Por las tardes -como el personaje de la historia- iba a la Estación a esperar el Tren que lo llevara al lugar donde pudiera encontrarse con los paisajes de su memoria.

Una noche apesadumbrado encontró al Hacedor de las Cosas y este le explicó que la vida es lo que uno vive y no lo que uno recuerda.


Entonces le advirtió: Sé que nunca desistirás y seguirás buscándolos día tras día,  pero sólo lograrás que se multipliquen las sombras inciertas en tu mente. Y atarás tu vida a un destino dominado por los diálogos con las estatuas mudas de tu pasado”.