domingo, 22 de marzo de 2020

    
 El otro golpe



Los dos hombres hablaban en voz baja y en susurros, como si después de soltar las palabras al aire no quisieran que volaran más allá de sus propios oídos, “esta vaina es increíble -dijo el más gordo y canoso de los dos que vestía de pantalón y camisa de jeans azules, echándose para atrás para estirarse en la silla-. Si es así, esto es el golpe del siglo.

-Es así marico -respondió su interlocutor encendiendo un cigarrillo, era un hombre delgado, pisando los 35, con cara de contable-. Algo bien planeado, nos engañaron a todos, y a más de 50 países y a las grandes potencias como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, al mundo entero, tu no vez que los gringos están como echados pa’tras.- dijo.

-Coño es difícil de creer, nos hundimos -dijo el de azul visiblemente consternado-, eso del vamos bien, a mí siempre me sonó pendejo  –añadió al tiempo que respiraba hondo, buscando llenar sus pulmones.

Su mirada hasta ese momento inquieta se perdió a lo lejos, como buscando un horizonte, se acercó al Contador y le dijo: -Sabes lo peor de todo, yo como la mayoría no sé cómo vivir en este infierno, nunca nos preparamos para una pesadilla así – sonó su celular y con un gesto de fastidio desvió la llamada-, esto es un  país al revés en manos del hampa en todas sus escalas: ¿qué tenemos? Un gobierno que es un pranato y una oposición con estafadores de cuello blanco que terminan vendiendo un diálogo para darle oxígeno al régimen.

El contador tomó un largo sorbo de café y dándole una palmada en el hombro le dijo: -Aquí va a sobrevivir el que pise tierra y deje de creer en pajaritos preñados compadre, hay que dejarse de mariqueras, queda reinventarse y producir en verdes.

El de azul con el rostro deslucido como si le hubieran pasado una aplanadora, y agarrándose la cabeza con las dos manos confesó. -Cuando empezó lo del vamos bien Dora y yo pensamos que todo era cosa de días, nos confiamos y lo que teníamos guardado para irnos a Costa Rica, lo empezamos a gastar, hasta un fin de semana para Los Roques nos fuimos, y ahora tú me dices que nada –dijo con tono de desespero-. No sé cómo decirle esta vaina, cómo llego y le digo mira el compadre me dijo que lo del cese de la usurpación, elecciones libres y bla, bla bla, es un cuento chino.

El contador lo miró fijamente, y sin revelar un gesto que se hiciera eco de sus emociones respondió: -Debes hablar con ella -dijo-. Si de pinga -replicó el de azul-, cómo le digo que todo fue una operación montada por los bolichicos, tipos como los Derwick, los choros de la oposición, como se le dice eso a alguien que cuando empezó el vamos bien, le dije que deshiciera las maletas que no nos íbamos para ningún lado -preguntó.

-Ahorita aquí no va a pasar nada -aseguró el Contador y levantó una mano para pedir otros dos cafés-. ¿Quieres un cachito? –le preguntó al de azul, pero éste lo rechazó-.El diálogo es para blindar al gobierno.

-Se me quitó hasta el hambre, que vaina nos tendremos que ir Efraín, y ya no tenemos plata –agregó llamando al contador por su nombre-. ¿Quién aguanta sin nada, ni gas, una luz va y viene, sin efectivo? Los dólares ya no rinden, y te digo, yo casi que estoy loco y mamando, mi mujer y yo vivimos con lo mínimo y ahora lo de la gasolina, esto es peor que vivir en un rancho.

-Lo que si te digo es que esto tiene una factura sofisticada –aseguró el Contador-, los tipos hicieron una vaina de bisturí, pero la operatividad del plan es mente caribe, tumbe a la venezolana, y aquí hay complicidad interna –dijo con énfasis- y de alto nivel, con capacidad de hacer lobby y plata, estamos hablando de millones de dólares de financiamiento, para ganarse miles de millones.

Aún no eran las nueve de la mañana y el de azul se sentía apesadumbrado y sin energías, siguió escuchando al contador.

 -Por eso la urgencia de nombrar embajador en Estados Unidos y manejar todo el billete de Pdvsa, el negocio de los bonos y lo que no sabemos, todo lo que se mueve allá afuera.

-Arrecho todo esto –replicó el de azul parándose de la mesa-. Compadre tengo el celular full, pero a mí me queda una rayita, me dio un sueño bárbaro  -dijo levantándose de la mesa y dando por terminada la reunión , el contador lo siguió, y saliendo de la panadería le soltó un último comentario.

-Creo que ya deben tener el billete asegurado –dijo-, por eso lanzaron ese loco 30 de abril y liberaron al “tristatarasobrino” de Bolívar, y sueltan que ya venían dialogando en La Habana, y lanzan lo de negociar elecciones en Noruega, nada gratuito –advirtió-, porque lo de Noruega es un escenario de negociación lento, a dos años, mínimo, es una receta Farc-Cuba, tiempo suficiente para borrar todo en la mente de los pendejos y volvernos a joder.

Douglas Gonzalez

Publicado en Crónica Urgente / Diario LA CALLE
                                                           
                                                                   LA PLAZA



Unos aseguran que llegaron con su forma de viento, como silbando dentro de esa niebla tenue, casi imperceptible que nunca se disipó y que desde entonces lo cubre todo con una película opaca. Con ellos llegó el miedo, los parroquianos dejaron de ir a la plaza por las noches porque empezaron a sentir que eran hostigados por docenas de miradas inquisidoras, provenientes de los árboles frondosos de la plaza, que los atravesaban como agujas y les vaciaban la sangre de todo su cuerpo.

 A los pocos días dejaron de ir a sentarse en las mañanas y por las tardes, ya nadie iba a mecerse con el viento, ni a pescar su brisa, los enamorados se ausentaron como si allí se hubiera declarado el fin del amor, los niños no dejaban de llorar con angustia apenas pisaban el lugar que hasta ayer había sido el recinto de sus juegos de inocencia, pasó a ser motivo de angustia y temor.

En ese tiempo la gente comenzó a murmurar sobre las apariciones de un ser espectral, una criatura escapada de alguna secreta bóveda infernal, extraño,  oscuro, y misterioso, ante el que se inclinaban las sombras.

La plaza ahora es una tierra de nadie, donde nada verde crece y los pájaros no se atreven ni a cruzar esa parte del cielo. Las calles cercanas que llegan hasta allí se han convertido en intrincados senderos cobijados por penumbras de dibujadas casas moribundas, como las que existen en las pesadillas y los cuentos de terror.

De noche, las luces ya no alumbran la plaza que es sombria y fantasmal, las plantas tras secarse han adquirido un color gris de piedra, igual que el de los árboles muertos de los que nace una  tupida enredadera de largos bejucos, de una especie que nadie había visto jamás, y que ha ido entrelazando un intrincado tejido vegetal de largos pasadizos que juntándose unos a otros, semejan gigantescos nichos o colmenas, en cuyo interior parece ser una noche eterna.

Quienes se aventuran a caminar por aquél lugar cuando en el cielo nacen las primeras sombras, escuchan un coro de extraños resoplidos y gritos provenientes del entramado de aquellos árboles, y sienten en el aire un olor penetrante a fragancia almizclada y seca, como la que sale del moho y el polvo de los huesos viejos que por años han estado pegados a la tela de los ataúdes, tan abundante que se forman ventiscas con el serrín de los despojos óseos, que va regándose por todos lados.

Los habitantes de la ciudad dicen que la plaza no es lo que parece, sino que se trata de un ser vivo, un espanto abominable proveniente de los abismos sepulcrales, que emergió en esa tierra para coronar una maldición. Un ente que crece cada día y va extendiéndose más y más, devorando todo con apetito insaciable calles, colinas y las casas de la ciudad.

Al llegar el amanecer, todos destrancan sus puertas y se asoman con temor, para ver como cada día el paisaje va adquiriendo la fisonomía de un lúgubre cementerio abandonado, como si la plaza fuera una espectral tumba que crece.

Cronica Urgente / Diario LA CALLE
                                     
                    Ragtime en la oscuridad


Fue una noche que duró cuatro días, fue el apagón más largo de la historia, desde el jueves hasta el lunes,cubriendo al país entero, borrando todos sus rasgos civilizatorios, dejándolo sepultado en una oscurana medieval.

Ya era domingo y José Ignacio subía el quinto botellón de agua del día. El sábado había visto a medio edificio huir para la playa, incluyendo al jefe del condominio quien al salir tiró las llaves y dijo, resuelvan como puedan.

Y es que el jueves cuando subía en su BMW gris por la rampa del estacionamiento tuvo un mal presentimiento, se dio cuenta que la ciudad había dejado de funcionar, llegó a la esquina y vio el caos: el semáforo sin luz, los automóviles atascados en el embotellamiento y sus conductores pegados al teléfono celular tratando de entender la tragedia que significaba un apagón a nivel nacional, alarmados porque conocían la ineptitud del gobierno ante las catástrofes, y se sintió en la película “Final Judgment”, con la pujanza interior del pánico y la incertidumbre.

A las 3:05 pm, Amparito Gómez, una rubia delgada a quien todos le decían "catira", estudiante del octavo de psicología iba en el Metro pensando que no había nada peor de andar pedaleada, no habían pasado dos estaciones cuando todo se apagó, y una soberana mentada de madre retumbó dentro del vagón tratando de rasgar el velo de la oscuridad. Una hora después, el vagón era en un murmullo de malos olores, sudores pegostosos y rostros desventurados.

¿Y no van a abrir esta vaina? Gritó una voz desesperada,  fue cuando muchos venciendo el temor a ser atracados, sacaron sus celulares para alumbrar donde estaban las palancas de emergencia, jalaron pero nada, así pasaron la primera hora, no llegó ningún rescate, las puertas nunca se abrieron. En la segunda hora el vagón estaba convertido en un baño turco apestoso y sofocante, el caos sanitario se paseaba sobre sus cabezas, a las 6:00pm, el aire había colapsado.

Dos horas después, José Ignacio llegó a su apartamento en Bello Monte, su mujer con siete meses de embarazo estaba sofocada, no me aguanto sin aire, dijo. Vámonos para un Hotel, pidió. Pero no había nada disponible.

Bajaron a dormir al carro por lo del aire acondicionado. Hasta que habló con su papá y este le dijo que subieran a su casa, porque podían envenenarse con el monóxido. Dijo que el gobierno culpaba del apagón a la oposición de terrorismo cibernético, “que locura”, dijeron los dos al mismo tiempo, es como que te digan que alguien hackeó tu nevera por internet.

Amparito estaba a punto de vomitar, en ese momento escuchó que rasgaban las puertas y entraba una bocanada de aire. Eran las 7:15pm, y tenía un ataque de asco. Dos hombres la miraron y uno dijo mira a la gringa esta. Ella los ignoró, estaba acostumbrada a que le dijeran pitiyanqui porque le gustaba usar ropa de marca, gringa por el color de su pelo y porque escuchaba música en inglés.

José Ignacio bajó a comprar cigarros por los alrededores de la Morgue, donde siempre hay vendedores ambulantes. Estacionó para fumarse los dos que necesitaba para reponer su saldo deficiente de nicotina.

Estaba encendiendo el segundo, cuando de la oscuridad vio salir a una señora por la acera que conduce a la Morgue, iba cargando el cadáver de su hija, lo llevaba envuelto en una sábana. Eran las 10 de la noche y con la serenidad que viste a la resignación, dijo que tuvo que caminar por la ciudad a oscuras con su hija muerta, porque llamó a emergencias y nadie contestó, tampoco encontró quien la auxiliara, su hija tenía 19 años y apenas pesaba 10 kilos.

A las 2:00am de la madrugada, fueron rescatados los del vagón. Amparito agarró un taxi con otros cuatro, pensó que cuando llegara al Bloque se encontraría a la ladilla insomne del Rafa, un vago, una verdadera biografía del fracasado que cuando la veía le decía lee a Marx y a Lenin para que despiertes gringuita, y soltaba su palabrerío devaluado: proletariado, burguesía, imperio, perteneciente al grado cero de la escritura, eso pensaba mientras atravesaba una Caracas dormida de un apagon, una ciudad en el grado cero de su existencia.
                     
                   El meteorito y los tukis



Leandro es choro y son las 9 de la noche, a esa hora está en la azotea recostado del tanque de agua fumando marihuana para relajar el día. Estaba ahí con la mente en zozobra, viendo a La China, naufrago de su ilusión, buceándola mientras ella hacía ejercicios con sus amigas en la terraza de su casa. La China, era una morena a quien la genética no le había negado ningún atributo, parecía la gemela de Norkis Batista, pero en los últimos meses había engordado unos cuantos kilos, después que estuvo saliendo con el gordo Frank, porque dicen los que creen en vainas que la gordura se pega por el beso.

La China era de las intocables del barrio, nadie se comía la luz con ella, hermana menor de tres policías mala conductas, un guardia y un par de criminales que eran verdaderas lacras, que andaban por las minas, le daban inmunidad contra el hampa, y un salvoconducto de entrada y salida del barrio a sus amigos. Ahora La China vivía haciendo cuanta dieta le recomendaban, ante la amenaza de ponerse como un tanque de guerra, eso era lo que contaba su prima Yamilet que le hacía las uñas. La China está haciendo la dieta de la berenjena, otro día llegaba con  el cuento lo de la toma de la concha de naranja, o la de la chayota.

Estaba ensimismado viendo eso, cuando llegó el Yendri  en la moto y le gritó  baja.
Se puso una franela, agarro su calibre  38, seguro que hay plomo esta noche, pensó con recelo animal. Tenía una mirada fría y oscura, sin ningún contenido humano en sus ojos.

Al  verlo Yendri le dijo muévete menol, hay un beta en Flor Amarillo, cayó un meteorito, actívate, vamos a hacer esa vuelta que eso está alyiorno,  la vaina  está full en intelnet.

No era raro que el Yendri anduviera en moto a esa hora,  aunque en ese horario nunca salía del barrio, tenían muchas culebras sueltas, lo de ellos eran los celulares, robaban en las mañanas, cuando salían a rebuscarse en las tardes era porque en la mañana no habían cuadrado nada. Pero llegarse a Flor Amarillo, era otra voz, muchas bandas en esa zona. pero el Yefri lo tranquilizó, eso está al pelo menol, nada de salitre, media Valencia va a estar allá, le iba hablando y los dos veían en en la pelicula de sus mentes a un tropel de gente llegando al sitio, chamas “fresis” y chamos bien, tomándose selfies con sus tremendos celulares con el meteorito, un tiro al piso los vamos a tumbar a todos.

Ambos ignoraban que la masa de los meteoritos se desintegra al incendiarse apenas entran en la atmósfera terrestre y lo que lo que va dejando es una estela incandescente de ceniza y después con el impacto lo que queda -si acaso-, es un reguero de piedritas y puede que una más grande en el centro del hoyo, pero como la ciudad no había sido sacudida por el asteroide, lo más probable es que lo que quedara no fuera más grande que una caraota.

No había nadie, una docena de curiosos como ellos que pasaban desatendidos sin bajarse de sus carros por la calle  oscura, sin alumbrado, llena de huecos y con un reguero de aguas negras. Coño como que nos vacilaron bien feo menol, dijo el Yendri, mientras miraba hacía el terreno baldío buscando una señal del meteorito. Pararon en la esquina en un puesto de perro calientes, y preguntaron aquí fue donde dicen que cayó el meteorito?

El perrocalientero sonrió y les dijo media Valencia ha venido a preguntar por esa vaina esta noche, aquí no ha caído nada, solo que unos carajitos se pusieron a prender todo ese monte, dijo señalando el terreno baldío en el que aun chispotorreaban algunas ramas con su rojo incandescente. Y si la gente sigue parándole a todo lo que sale en internet van a terminar todos locos de bola y enfermos. Si ese meteorito hubiera caído aquí, yo hubiera hecho mi noche.

Nosotros también, pensó el Yendri, y arrancó su moto.

martes, 29 de enero de 2019





El Duelo


El lugar común nos dice que el  duelo es el proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una ausencia,  muerte o abandono, frase que te va a repetir todo el mundo, sobre lo que vas a leer en las redes, en frases de los pods, y encontrarás en cada lugar donde se cultiven esas respuestas empacadas de inteligencia fácil, supina, ligeras, remitentes al cliché.

Desde sus orígenes la palabra duelo nos revela que se trata de algo mucho más profundo, riesgoso y vital. Derivada del latín “duellun”, que significa combate entre dos, de allí pasó a ser un código verbal de guerra.

¿Pero con quién combate quien tiene un duelo? Contra sí mismo, contra la ausencia, lo que ya no está, revelado en el espejismo de lo perdido y, contra una profunda distorsión del tiempo, porque se pasa a creer que el sentimiento de lo perdido es eterno, y nada lo es.

Combates contra tu propia sombra, donde ya no ilumina la esperanza, se asume el duelo cuando, precisamente, se acaban las esperanzas, es algo que muere para nosotros mismos, aunque en ese momento te extrañe que en el mundo las cosas sigan su curso cotidiano, y mires con asombro que aquello que ayer te asombraba con solo nombrártelo, que algunos lugares propietarios de tu emoción, y que pueblan los detalles de tu biografía sentimental, pese a tu duelo, siguen existiendo lejanos e indiferentes de tu espantosa soledad. Porque el duelo es tu lucha con tu reflejo interior en el vacío, como el boxeador que pelea con su propia sombra, y que derrotarás cuando tú lo decidas.
En una de sus narraciones extraordinarias el escritor Jorge Luis Borges, cuenta la historia de un hombre a quien muchos años atrás había ofendido, y una noche mientras dormía, entró a su casa y fue acorralado por su vengador en su habitación, al estar frente a él, con su arma en la mano el vengador lo sentencia, Borges usted está perdido no tiene alternativa, ya no podrá escapar, y Borges le contesta, si tengo una: Despertar.
Y así lo hice, escribe al final.

La vida es sueño, es un poema de Pedro Calderón de la Barca, fue uno de los libros de cabecera del filósofo Arthur Schopenhauer, el autor del Mundo como Voluntad y Representación, considerado por los eruditos como el genio que reveló a la filosofía la arquitectura esencial del Universo. Schopenhauer, solía citar de ese poema la frase: Pues el delito mayor del hombre / es haber nacido, para simbolizar en el contexto de su estética existencial el sentido del drama, la culpa y lo trágico de la vida humana.

Quizás la vida sea un sueño, entre sueños, y no vivimos en uno sino en decenas de ellos, guiados por la mano de nuestra fantasía, allí nos remiten nuestros afectos y sentimientos, donde cada duelo es un despertar que todos hacemos en algún momento.




viernes, 25 de enero de 2019


El destino ineludible


El destino ese dios muchas veces descrito como avieso y caprichoso, se suele simbolizar de muchas maneras, como una sombra fugaz, que nos observa desde un lado del camino, el mendigo misterioso que aparece como sustraído  de la nada, el gato negro que se cruza intempestivamente delante de nuestros pasos, todos como marcando la ruta angustiosa del fin o la fatalidad del porvenir.

La mitología griega tan nutrida en fantasiosas deidades, llamó Moiras, a las constructoras del destino, sustantivo que prácticamente ha desaparecido de uso en nuestros días. Los romanos las llamarían más tarde como las Parcas, tejedoras en la línea de la vida de todo acontecer humano.

Un cielo nocturno nítidamente estrellado es para algunos un buen augurio para los asuntos del destino, mientras que si está nublado, sin estrellas, es sinónimo de que se sufre la  orfandad de aquelllas que tejen el buen destino en la bóveda celeste.

El destino conlleva algo de omnipotente, nadie escapa de sus propósitos, reyes, héroes, guerreros, genios, místicos, en algún momento ven abreviada la escasa línea del devenir frente a las sentencias de este juez de implacable cumplimiento. Ninguno ha escapado de él, porque la esencia real del destino es la suma de nuestro propio tiempo y no otra cosa, por muy fantástico que esto pueda parecernos.

Quienes en momentos de su vida se aproximan a la curva del destino, le llaman fatalidad, pero lo que manifiestan en verdad, es una suerte de apego hacia lo que creen pueden disfrutar, o detentar, perpetuamente, sea una relación, un cargo o una posición.

Frente a la fatalidad la incertidumbre humana contrapone el valor de la esperanza, que actúa como la poción mágica de los hechizos haciendo alucinar a quien bebe de su falso manantial, creyendo que con ello todo lo que desea permanecerá intacto en un futuro que jamás existirá, porque ya nada tiene en sus manos,  sólo es alguien más, aferrado a la esperanza.

En su novela Una Cita en Samarra (Appointment in Samarra), John Henry O´hara (EE.UU-1905), refiere una historia que ilustra como el tiempo, y sus figuraciones de realidad, siempre conspiran para que la fatalidad del destino termine imponiéndose, lo que en cierta medida es una burla en el código de las metáforas, a la inutilidad de la esperanza de quien ya sentenciado a su fin, cree que puede evitar ser alcanzado por la mano del destino.

La historia, es la del jardinero de un Rey, quien una mañana mientras observaba los rosales del jardín del palacio, ve a la Muerte detrás de uno de ellos, ésta le hace un gesto de que se acerque, lo que lo espanta y le hace correr atemorizado al Palacio buscando la protección del Rey, al verlo el jardinero se tira a sus pies y le suplica ayude a salvarlo, no quiere encontrarse más con la muerte, porque cree se lo va a llevar, necesita huir de ella. El Rey accede quiere salvar a su buen jardinero, le da su caballo más veloz y le dice huye, ahora mismo a Samarra, que allá no te alcanzará.

Esa misma tarde el Rey salió a pasear por su jardín, y detrás del rosal se encontró con la muerte, el Rey que no le teme le preguntó, ¿por qué asustaste y amenazaste a mi jardinero que tanto me sirve y a quien mucho aprecio? La muerte con un gesto de ironía le contesta, no lo amenacé, sólo me sorprendió verlo aquí esta mañana, porque esta noche debo encontrarme con él, tenemos una cita en Samarra.



martes, 8 de enero de 2019



Los temblores y los extraterrestres




La existencia de una raza de extraterrestres que nos visita y nos toma como sus conejillos de indias para implantarnos inteligencia y evaluar nuestra evolución civilizatoria, es algo que suena muy bien y hasta fascinante cuando se tiene la edad de 15 o 16 años, y solía ser uno de los temas recurrentes de conversaciones nocturnas con nuestros amigos viendo las estrellas desde la azotea de un edificio, diálogos de narraciones fantásticas que siempre conllevaban mencionar el mítico continente perdido de la Atlántida y los secretos de la Gran Pirámide, entre otras elucubraciones.


Si bien con los años de la madurez esos temas siguen pareciéndonos una narrativa fascinante, ya pasan al catálogo de las fantasías, y los valoramos por el ingenio y la creatividad literaria que poseen que parecieran más salidos de un cuento de Ray Bradbury o de Isaac Asimov, que un hecho que nos describa la realidad.

Nadie niega que existan otros mundos detrás de los abismos negros que forman el Universo, poblados por seres originarios de civilizaciones desconocidas, lo que sí es traído por los pelos es pensar que vengan disfrazados de dioses en sus platillos voladores a hacernos una visita de inspección, como si la tierra fuera un laboratorio experimental de desarrollo de la biología humana, a lo que hay que agregarle toda esa larga cadena de ficción que  alimenta a las teorías conspirativas derivadas de esas historias de imaginarias invasiones celestiales.

La cadena de temblores que viene sacudiendo al país desde la última semana de diciembre, no ha escapado del esnobismo que tanto caracteriza la mentalidad del venezolano, una alta cuota de esnobismo derivada de nuestro exceso de empatía, y en vez de pensar sobre estos fenómenos con lógica analítica, que el suelo venezolano está asentado sobre una plataforma geológica donde convergen varias fallas sísmicas, cuya actividad está generando estos estremecimientos, se opta por la especulación, la que más agrade a la  imaginación como que los temblores son ocasionados por rayos con que los extraterrestres bombardean nuestro territorio, idea que pudiera plasmarse muy bien en Hollywood, pero que nada tiene que ver con la realidad, porque es tan inverosímil como esa otra de que Estados Unidos esté usando un arma secreta, Harpp, para provocar éstos sismos con el fin de desestabilizar al país.

Lo único bombardeado ha sido nuestra cotidianidad en un país donde la mayoría de la gente se ha visto en la temerosa necesidad de dormir vestidos, y como también suele temblar temprano en la mañana se van con la misma ropa al trabajo, no sea que un imprevisto sismo los agarre en el baño.

Las parejas han dejado de dormir juntas, porque el movimiento sobre la cama de uno despierta al otro en plena madrugada, creyendo que está temblando, los menos afortunados no vuelven a conciliar el sueño y terminan surfeando las horas de su desvelo tomando café, comiendo brownies, viendo TV, haciendo de enero el mes en que todos juran quitarse los kilitos de más, una prolongación de la gula decembrina. Otros, metódicamente más aburridos y estoicos, han optado por poner sus alarmas, con la de algunos vecinos a las 4:00 am y salir a esa hora a la calle en espera de ver a su edificio en pleno movimiento, lo que piensan es inevitable, y es que el pensamiento catastrófico se ha hospedado en la mente de muchos, convirtiendo a los temblores en el más lacerante verdugo de nuestro sueño nocturno.

Publicado en Crónica Urgente / Diario La Calle -Valencia