domingo, 7 de julio de 2024

 

El Hombre Solo


La soledad es un fenómeno que se ha intensificado en la sociedad contemporánea, particularmente entre los hombres de mediana edad, entre los 40 o 50 años; haciendo que muchos se encuentren en el punto crítico de sus vidas, bien sea porque han perdido el su propósito de vida, por desarraigo familiar o producto de un divorcio, o tras sufrir una tragedia.

Lo que muchas veces los lleva a enfrentarse a una sensación de aislamiento y pérdida de metas en medio de un complejo sistema social cada vez más exigente, que, en lugar de proporcionar apoyo, a menudo los presiona y asfixia, para que estén a la par de las "expectativas" figuradas, que promocionan como ideal las redes sociales, que se han convertido, para el común denominador, en el lugar donde en la actualidad se legitima y se aprueba el éxito de las personas.

Las redes promueven una felicidad digital, esa sensación de tener reconocimiento, tener amigos que te siguen, sentirse acompañado, verdad es una ilusión, no existe. Enfrentados a la condición de soledad que padece el hombre en la sociedad actual, surgen las redes sociales para crear ese espejismo de felicidad. Un espacio de relaciones fáciles, donde se cree vencer la diferencia social, se vence la timidez, así como otras limitaciones. Las redes están hechas para los solitarios heridos de infelicidad, y las redes le dan esa sensación de acompañamiento, "sensación", pero que no es real.
La tecnología lleva años encargada de diseñar espacios de felicidad, así llegamos a las redes sociales, un dispositivo creado, no sólo para la difusión, sino para que cada quien se convierta en su propio manager, en supervisor de sí mismo, que reporte en su muro la tarea realizada, y al mismo tiempo viva en esa autoexigencia de siempre estar en "lo visible", lo aprobable, lo auditable por ese espejismo que llamamos opinión pública, y también audiencia que navega por las redes, las que etiquetan y dan me gusta, y que muchos suelen confundir con el concepto de logro.

Así vemos cómo día a día crece el desquiciamiento por "figurar", aparecer, postear. Un apetito insaciable por ser reconocido por los otros y la necesidad impostergable por el "me gusta", y en esta etapa cualquier individuo debe comprender que sin saberlo está viviendo una vida sin contenido, en la existencia vacua, la del "hombre interpretado", el que no habla ideas propias sino las habladas por otro, el loro social, del que hablaba Martín Heidegger, y que llamó el hombre de la vida falsa.
Esos selfis a diario, y a cada tantas horas, publicados de manera compulsiva, sin otro propósito, ni contenido que la exhibición del ego personal, nos vienen hablando de eso, igual que el sentimiento de ansiedad que persigue a muchos por miedo a desaparecer en las redes (no actualizar publicaciones).
Por lo general quien está ubicado en este horizonte, suele confundir el éxito con el logro, que aunque son conceptos relacionados, son distintos: El éxito se refiere a la realización de un objetivo deseado, al cumplimiento de una meta, y suele implicar una percepción social y personal de triunfo. Por su parte el logro, es la realización de una tarea específica o la consecución de una meta particular, sin que implique una evaluación social o dependa de una alta difusión (redes, publicidad, etcétera).
Sobre la soledad del hombre en la sociedad actual y las pautas conductuales que de esta condición existencial se deriva, voy a citar parte de lo afirmado por tres filósofos de la escuela filosófica de Frankfurt: Erich Fromm, Herbert Marcuse y Walter Benjamín, que arrojan mucha luz al respecto.
En su libro "El miedo a la libertad", Fromm, argumenta que vivimos en una sociedad generadora de alienación en todas las personas, ninguna escapa de ella. Todos entran en esa cosificación mental, porque esa es una condición central de la sociedad moderna tal como ha sido concebida. Para Fromm el hombre actual a pesar de los avances tecnológicos y sociales, se siente más aislado que nunca.
"El hombre moderno está al borde de la desesperación" señala, indicando que la libertad adquirida en la modernidad viene acompañada de un sentimiento de aislamiento y desconexión . A los 40 o 50 años, muchos hombres experimentan este vacío existencial, especialmente cuando se enfrentan a la crisis de la mediana edad. La pérdida de propósito y la desconexión emocional son síntomas de una sociedad que valora más el éxito económico que el bienestar emocional.
En su "El hombre unidimensional", Herbert Marcuse, explora los niveles de explotación de la mente y conciencia del hombre en la sociedad industrial avanzada manipula las necesidades y deseos de los individuos obligados a mantener el status quo. Según Marcuse, el hombre moderno es condicionado a aceptar y perpetuar una existencia superficial y conformista. En este contexto, los hombres de esa edad se sienten atrapados en roles y expectativas rígidas que limitan su autenticidad y creatividad.
La presión por cumplir con los estándares sociales de éxito y masculinidad contribuye a una sensación de asfixia y desesperanza, que a su vez debe enfrentar el pánico frente a un reloj que no se detiene en descontar su tiempo útil como individuo productivo.
Walter Benjamín, en sus "Tesis sobre la filosofía de la historia", describe la sociedad moderna, como una época marcada por la pérdida de significado. Benjamín argumenta que la aceleración del progreso y el enfoque en el consumo han erosionado las bases culturales y espirituales de la sociedad. "Cada época sueña con la siguiente" , pero en ese sueño, muchas veces se pierden las raíces que dan sentido a la existencia.
Para los hombres de mediana edad, esta pérdida se manifiesta en una crisis de identidad, donde el pasado se percibe con nostalgia y el futuro con incertidumbre.
Si bien la soledad del hombre moderno no es una condición irrevocable. La búsqueda de autenticidad y conexión puede ofrecer un camino hacia la redención y el sentido. Fromm sugiere que el amor y la creatividad son los antídotos contra la alienación. "El amor es la única respuesta sana y satisfactoria al problema de la existencia humana".
En este sentido, establecer relaciones auténticas y dedicarse a actividades creativas puede ayudar a los hombres de mediana edad a superar su soledad.
Marcuse, aboga por la resistencia al conformismo y la búsqueda de una vida más plena y significativa. Esto implica cuestionar las normas sociales y encontrar formas de expresión personal que trascienden las limitaciones impuestas por la sociedad industrial avanzada. Benjamín, con su enfoque en la recuperación de la memoria histórica y cultural, sugiere que reconectar con el pasado y valorar las tradiciones puede proporcionar un sentido de continuidad y pertenencia en un mundo cambiante.

Sin embargo, uno de los mayores retos que implica la soledad del hombre es también mantenerse apartado del fantasma de las adicciones, promotoras de estados de felicidad efímeros y ficticios, como los del alcohol y las drogas que terminan socavando al sujeto y dejándolo como un saco roto, por dónde poco a poco va perdiendo su conexión con la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.