NOVELAS SOBRE DICTADURAS: UN GUIÓN PARA TIRANOS
Al igual que el protagonista de la novela de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, que creyó ser un caballero andante por el delirio derivado de su lectura enajenante de las novelas de caballerìas; así mismo, ha habido gobernantes que atraídos por los estadios del poder reflejados en la novelística sobre dictadores, se han embriagado de sus lecturas para cultivar el ejercicio de su tiranía.
Era conocido el desmedido interés de Fidel Castro por las novelas de caudillos y dictadores. En su biblioteca personal abundaba una vasta colección de libros sobre esta temática, de la que más le interesaban eran las narraciones referidas a la conservación del poder y cómo construir una imágen de héroe-dictador. Libros que subrayaba y tomaba notas de lo que en ellos se describía: políticas represivas, espionaje de los opositores, medidas de control y vigilancia, comportamiento social y manipulación popular en base a las necesidades, como las del hambre: las que poco a poco fue asimilando y las hizo su manual personal del poder.
En su época de estudiante de derecho, Castro tropezó con el libro del a,b,c del poder: El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, y que pasaría a ser su libro de cabecera y cambiaría su conciencia para siempre abriendola para que germinara en ella el germen del tirano.
De su lectura aprendió que su prioridad era conservar el poder por encima de todo, incluso si para ello debía recurrir al uso de la violencia, la fuerza, el engaño e instaurar el miedo como modelo social. Hizo suya la frase "es mejor ser temido que amado", y que la crueldad bien administrada es de gran utilidad política, que la ley y la virtud debían estar sujetas a la razón de Estado, por lo que debían cambiarse tantas veces fuera necesario para mantener el dominio, lo que responde al axioma: el fin justifica los medios.
A diferencia del Quijote que alucinaba con molinos de viento, Castro lo hacía con el poder. Inventa con el uso de la propaganda el mito de la revolución cubana, y la hace un modelo político exportable. Pero Cuba le queda pequeña a sus ansias delirantes, Fidel sueña con toda América Latina.
El periodista y escritor colombiano, Plinio Apuleyo Mendoza, en su libro "Aquellos tiempos con Gabo", refiere que cuando conoció su amigo el Nobel Gabriel García Márquez, lo llevó a conocer a Fidel, se encontró con un hombre poco profundo y nada teórico que manejaba una revolución como si fuera una agencia de venta de carros, y anota, era un hombre común con el desenvolvimiento de un vendedor. Fidel usaba las notas de sus lecturas como guiones de actuación del personaje que él se había inventado sobre sí mismo porque carecía de densidad intelectual, era un político hábil y audaz, pero en esencia un hombre básico y pragmático.
En el año 1969 llegó a las manos de Fidel Castro, la novela "Maten al León" del mexicano Jorge Ibarguengoitia, que le da la idea de cómo convertir una democracia en una dictadura disfrazada con la pantomina de unas elecciones libres, fórmula que promoverá aplicar primero en Venezuela, luego en el resto de la américa latina, donde las victorias presidenciales de la izquierda siempre traían consigo el comodín de una reforma constituyente, recurso usado para modificar la Constitución y perpetuarse en el poder.
"Maten al León", es una novela sobre el Presidente de una isla caribeña que se convierte en dictador. La Constitución de la isla no permite la reelección indefinida, pero él la modifica, bajo el argumento de ampliar las reivindicaciones sociales del pueblo, pero cuyo único fin es permanecer en el poder, instaurando un gobierno tiránico sustentado en el horror, tempranamente Cuba y Venezuela han sido fieles ejemplos de ese delirio por el poder que guió la vida de Fidel, un enajenado por sus lecturas de novelas sobre dictadores.
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