domingo, 14 de noviembre de 2021

 

Rituales de invierno


Llega noviembre y con él la cuenta regresiva de la ruta invernal, hasta llevar al clima a cero grados en muchas ciudades del globo terráqueo. Todos somos convertidos en viajeros de esa escalada por abrazar el nuevo año para reafirmarnos con la vida. No hay una época del año que active nuestro espíritu nómada como la navidad, cuando millones de personas van de un lado a otro para llegar al lugar donde lanzar su proclama de buena ventura por el nuevo año.

Los puentes se cruzan fugazmente como si fuesen algo de la imaginación, como si se tratara de un viejo ejercicio de la memoria, y no de la realidad, como si estuvieran hechos de niebla que se disipa con el soplo del viento. Y ante nosotros se abre la larga carretera que deseamos desaparezca, y que también se convierta en un puente de niebla porque lo vaciamos de nuestras miradas en un abrir y cerrar de ojos.

Por esos días , todos van empujados en un embudo hecho de tiempo acelerado, hacia una sola dirección ¿cuál? Aquella a la que queremos llegar rápido. ¿A dónde? A ningún lugar, en verdad porque según el griego Zenón, nada se mueve, uno siempre está parado en un punto perpetuo, donde las cosas pasan frente a nosotros, lo demás parece que es imaginación.

 Pero la gente común ignora esto, por eso nos aceptamos el consenso de que vamos de un lado a otro, y hacemos de eso una celebración global. Por eso en las fechas pico del año, los aeropuertos colapsan, hay demora en los vuelos y en todos los terminales, los aéreos, terrestres, marítimos y ferroviarios, en cada uno hay una masa desamparada de rostros largos como de piedra hundidos en bufandas o el cuello de sus abrigos, pasmados en torno a lo insoportable de la espera.

Experimentamos el vertiginoso ritmo del corazón cuando sabemos la proximidad del destino que se acerca. Los aviones despegan para atravesar imaginarias líneas de los Husos Horarios, de uno al otro lado del mundo, llevando pasajeros henchidos de conciencia.

Mientras tanto la escena en los centros comerciales no es distinta, también está marcada por lo inquietante, compradores que van de un lado al otro demorados en la prisa, ninguno de ellos quiere llegar al fin de su ritual de navidad, porque la navidad es comprar, estar de compras, ir de compras de eso se trata, y llenar la casa con las compras, ahí termina la magia de la navidad, lo demás es ritual que se repite año tras año.

La fría nieve del invierno ocupa los rincones de las grandes urbes, pese a las olas de calor que recorrieron el año, nos recuerda que estamos en la séptima Era Glacial, del planeta azul.

Aunque todos sienten que hay algo que recuperan el día de Nochebuena o en el Año Nuevo, un este ritual que  nos reúne, todos alrededor del calor del hogar, que en realidad somos todos, hay algo en nuestro cerebro que se antoja de asociar el frío con el miedo, y a veces en convertirlo en uno solo.

Todos disfrutamos de ese simulacro que es la navidad, en la esquina agarrados al poste de luz imitando una postal de época, desfilando frente al iluminado árbolito de la plaza, o agrupándonos  en la avenida  principal de Times Square, esperando que la gran bola de la bienvenida iluminando al año nuevo con miles de estrellas, donde no fusionamos en ese río humano de desconocidos que celebran la esperanza.

Todos están sumados al ritual, donde buscan redimirse, otros vienen a darle un stop a su inventada forma de soledad, la que les ha obligado su pacto con la incertidumbre colectiva, y a la que también nos sentencia la pandemia que ha colocado a la humanidad otra vez frente al  horizonte del fin del año 1.000, época que se pensó que el mundo estaba a un paso del abismo del tiempo, y que antes de cumplirse el primer minuto del año 1001, llegaría el fin. Aunque una vez más se trate del viejo ritual de invierno que viene a anunciarnos que se cumple un año más que debemos sumar a los 4,543 miles de millones de años de la tierra que habitamos.

©Copyright. Douglas González

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