EL GRAN INQUISIDOR
El Gran Inquisidor es uno de los capítulos más cismáticos de la novela Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoievski, en el que nos presenta el conflicto entre la representación del mundo, la fe y la libertad, y nos hace vislumbrar ese laberinto de soledad que a veces es capaz de dibujarse en el alma su incomprendida relación entre los estamentos del poder eclesiástico y Dios.
Iván, el ateo de los Karamazov, cuenta a su hermano menor Aliosha, un poema sobre el regreso de Cristo durante la Inquisición española.
Cristo aparece en Sevilla, donde la Inquisición está quemando herejes. Pese a ello Jesús realiza milagros, el pueblo lo reconoce, pero el Gran Inquisidor, un cardenal de 90 años lo hace arrestar.
Esa noche el Inquisidor visita a Cristo en su celda para una conversación que en realidad es un monólogo, porque Cristo nunca habla. El Inquisidor explica porque Cristo ha sido condenado a ser quemado en la hoguera al día siguiente; porque cuando vino por primera vez ofreció libertad, libertad para elegir entre el bien y el mal, para aceptar o rechazar a Dios, para asumir la responsabilidad de su propia salvación.
Pero la humanidad no quiere libertad, porque la libertad es una carga demasiado pesada. La gente quiere seguridad, que los sometan a la autoridad, quiere que se les diga qué hacer.
La Iglesia lo entendió, corrigió el error de Cristo, les dio a las personas lo que realmente necesitaban: misterio, milagro y autoridad. Les dio significado, estructura y propósito.
Si, se les exigió renunciar a la libertad, pero eso es a lo que quieren renunciar. El discurso del Inquisidor quizás sea uno de los desafíos más poderosos al cristianismo jamás escrito en la literatura, y si bien es algo que resulta inquietante porque no es del todo erróneo.
Dostoievsky sabía por experiencia propia lo pesada que es la libertad, y como a veces preferimos la esclavitud ante el terror de estar ante una verdadera elección, es más fácil ceder la libertad a la autoridad.El Gran Inquisidor hace propia la tesis de Ethienne de La Boetie, "La Servidumbre Voluntaria", escrito en 1548, cuando éste apenas tenía 18 años, en el que se planteaba una pregunta radical: ¿Por qué un pueblo obedece a un tirano cuando podrían derrotarlo negándose a obedecer?
Boetie formula varias respuestas demoledoras:
El poder del tirano no se sostiene solo por la fuerza, sino por el consentimiento de quienes obedecen.Las tiranías se alimentan de la costumbre. Los hombres nacen libres, pero aprenden a servir.
El poder de uno depende de la cooperación de muchos. Basta con dejar de obedecer para que el tirano caiga.

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